“El amor nace, se siente… pero también se aprende, se conduce y se acomoda.
El amor es difícil, porque no se hace despacio. No se hace con los castillos en el aire que llevaste al altar, sino con la cimentación profunda que tuviste que poner después para reforzarlo. Porque el amor tiene etapas… Y cambia. Evoluciona, se transforma, pero no puede fraccionarse.
Somos nosotros los que siempre andamos dividiendo el amor. Este era de joven, éste de maduro, éste de viejo… Este el de los días dorados de la luna de miel, el de las fiestas, el de las enfermedades, el de las penas, el de las rutinas… Como si no fuera siempre el mismo, trenzado, fuerte, indivisible. Como si no tuviera la misma raíz. Como si en el espejo de cualquier época no pudieras reconocerlo y decir: “Este amor es el mío. El único, el de siempre, por el que me jugué la piel y la vida, la juventud y la vejez, la suerte y los sufrimientos”.
Este amor es el mío… el mismo de siempre, con todo lo que tuvo desde el día en que se anudo a mi corazón.
Este amor es el mío… el que me marca, me identifica. El que ha puesto su sello definitivo en todos sus actos… y el rumbo fijo a toda mi existencia.
Este amor es el mío… porque llevo dentro todas sus estrellas, todas sus lágrimas y toda su luz. Porque en él me he venido tallando y consumiendo. Porque nació en besos. Se asimiló en cambios. Creció con dolor… Se sostuvo de la raíz.
Cada amor tiene su molde. Se fabrica como una sola pieza. Queda soldado en el corazón, como algo que no se divide, ni se confunde ni se desfigura.
El que fabrica su amor, siempre lo conoce. Cada vez que aparece y le divisa el alma, pude decir: “Ese fijo, indestructible, inamovible… es el mío”.
El que sentí llegar desde temprano, lo viví como un milagro, lo consideré como un privilegio. ¡Y hoy lo siento como una realización!
El que pueda distinguir su amor entre todos los amores del mundo y decir: “Ese es el mío”, ya tiene colmada la vida. Ya subió a la cumbre. Ya tocó la felicidad. Y ya puede dar gracias a la vida.
“Donde tu ves un muro, hay una ventana. ¡Ábrela! y ahí
encontrarás tu felicidad”. ”